COMO DEFENDERSE DEL DESPRECIO AJENO

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En la vida cotidiana, en la calle en el trabajo e, incluso entre familiares y amigos y en nuestro propio hogar, estamos constantemente expuestos al desprecio. El trato desconsiderado se manifiesta en las palabras agresivas, las que desvalorizan al otro, las indirectas malintencionadas, las críticas destructivas, los comentarios irónicos y las burlas.
Pero el desprecio también se manifiesta sin palabras, a través de los gestos y las actitudes corporales. Saludar de mala gana, actuar como si alguien no estuviese presente, sin responder cuando habla o ponerle mala cara, son formas de desprecio conocidas por todos y, muchas veces, son más hirientes que las palabras, porque son muy difíciles de contrarrestar.
El desprecio es una emoción que todos los seres humanos experimentamos. Incluso los animales sienten desprecio. Éste consiste en minusvalorar a algo o alguien, eliminando toda consideración positiva y cargando a ese objeto de valoraciones negativas.
La definición de desprecio desde un aspecto psicológico y social es una intensa sensación de falta de respeto o reconocimiento y aversión. El desprecio ajeno supone la negación y humillación del otro de quien se pone en duda su capacidad e integridad moral. Es similar al odio, pero la diferencia es que implica un sentimiento de superioridad. Una persona que tiene desprecio considera a la otra persona como indigna, y por lo tanto provoca en esta persona amargura, baja autoestima, inseguridad.
LOS MÉTODOS DE LAS PERSONAS DESPECTIVAS
Las personas que actúan despectivamente padecen estrés, sufren dolorosas heridas psíquicas y abrigan oscuros deseos de venganza. Creen que no necesitan a los demás y suelen manifestarse como si estuvieran muy satisfechas de sí mismas. Quieren aparentar lo que no son y miran con envidia las cualidades y los éxitos de los otros. Se enojan mucho cuando se los contradice y quieren ser siempre el centro de atención. Creen que su criterio debe ser aceptado por todos y, por eso, desprecian a quienes no apoyan sus opiniones, gustos o iniciativas.
El desprecio ajeno suele ser una estrategia para manipular, un truco utilizado a menudo en discusiones y negociaciones. A las personas despectivas les gusta interrumpir constantemente la conversación y elevar el tono de voz para imponerse. Son expertos provocadores y saben cómo encontrar los puntos débiles ajenos para “pinchar” allí donde más duele. No suelen anunciar sus ataques. Este desprecio repentino resulta muy doloroso y provoca un bloqueo en quien lo recibe.
Quienes son expertos en conseguir lo que quieren mediante el desprecio suelen conducirse de la siguiente manera: primero tantean el terreno con pequeñas indirectas, y si ven que estas surten efecto atacan con mayor dureza. En el momento en que la víctima se encuentra emocionalmente desequilibrada, sienten que han triunfado.
Entonces, actuarán como si no entendieran la reacción impetuosa de la persona que recibió su desprecio y exhibirán una postura serena que produce mayor exasperación.
También hay personas cuyo desprecio es pasivo, ya que nunca ofrecen comentarios positivos ni responden con afecto cuando sería lógico y natural que así lo hicieran.
¿QUÉ HACER CUANDO NOS DESPRECIAN?
Si alguien nos trata de forma desconsiderada y respondemos de la misma manera, la otra persona habrá conseguido manipularnos debido a que nos habrá contagiado sus emociones. Lo que de verdad necesitamos son defensas para combatir los malos estados de ánimo de los demás. Para ello, es importante tomar distancia y ubicarnos por encima de esas situaciones.
Resistir la provocación
Para no dejarse avasallar por el desprecio ajeno, es muy importante aumentar nuestra capacidad de resistir a las provocaciones, aumentando nuestra fuerza interior. No debemos dejarnos enredar por la mala onda de los demás. Para ello, debemos aprender a través de la práctica a no tomarnos a pecho las actitudes despectivas.
Cuando alguien nos desprecia debemos saber que no es fallo nuestro sino la del agresor. En esta situación, lo principal es ocuparnos de cuidar nuestro propio bienestar manteniendo la calma y evitando el reproche.
Cuando alguien no ataca con el desprecio, debemos establecer una pausa entre nuestra reacción inmediata y nuestra respuesta. El método más antiguo y efectivo es contar hasta 10 antes de responder. Si respiramos rítmicamente mientras contamos, llegaremos al final con un estado positivo desde el cual seremos capaces de actuar adecuadamente.
Cortar con la manipulación
Una técnica de autodefensa inteligente es hacer frente al desprecio proponiendo una conversación aclaratoria. Cuando alguien hace un comentario despectivo o hace un gesto de desprecio, debemos preguntarle calmadamente por qué lo hizo, qué lo lleva a pensar así y cuáles han sido sus intenciones. Muchas maquinaciones se desvanecen cuando son puestas en evidencia.
Pero si el interlocutor no tiene ni la más mínima intención de cambiar su comportamiento, sólo cada uno de los otros puede decidir si quiere entrar en una confrontación directa. Es muy importante tomar una decisión a conciencia para evitar involucrarse en una pelea que, en el fondo, no deseamos. Si en ese momento estamos ocupados en tareas importantes, es mejor no pelearnos y seguir con nuestras actividades.
La indiferencia como arma
Hay cosas más importantes que los pensamientos retorcidos de los demás. No debemos malgastar nuestra energía.
Las personas despectivas disfrutan al comprobar que sus comentarios negativos han hecho efecto. Ignorar a quienes nos desprecian puede ser una actitud necesaria. Así, la ofensa vuelve sobre los agresores, pero cuidado, porque quien ignora no debe quedarse con ese “veneno” o resentimiento dentro de sí. Debemos sostener firmemente esa indiferencia, solo ignorar el desprecio es un duro castigo para los despectivos, cuyo disgusto sobrevendrá si no nos inmutamos, y esta es una respuesta mucho mejor que una pelea.
Es un error pretender que las personas despectivas se conviertan de repente en buenas personas. Nadie puede cambiar si no lo desea. Por otro lado, debemos recordar que analizar con lupa todo lo que los demás nos digan o hagan es una obsesión que debemos evitar, porque de lo contrario cualquier gesto y cualquier palabra de los demás podrán afectarnos y hacernos sufrir.
El desprecio, un enemigo de la pareja
Todas las parejas poseen problemas, sin embargo cuando alguno de estos “síntomas” se vuelven reiterativos, algo indica que está destinada al fracaso: la crítica, el desprecio, la defensa, y el encierro.
Criticar es atacar la personalidad o el carácter de nuestra pareja, en vez de enfocarnos en solucionar la conducta específica que nos molesta. Realmente es saludable y aconsejable ventilar los desacuerdos, pero no lo es en absoluto, el atacar la personalidad, o el carácter del cónyuge en el proceso.
El desprecio es un paso que va más allá de la crítica e implica el derribar o insultar a la pareja. El desprecio es un signo abierto de la ausencia de respeto, es un símbolo que habla de la ausencia del amor en nuestra relación. Es un acto de soberbia que anula la tolerancia, y por tanto, la capacidad de convivir.
Estar a la defensiva, en medio de un conflicto, puede ser una respuesta natural, pero no ayuda a mejorar la relación. En este estado experimentamos mucha tensión y eso dificulta que nos enfoquemos realmente en lo que se ha dicho. Reaccionamos negando responsabilidades, inventando excusas, o respondiendo a una queja con otra.
El encierro es negación a la solución. Valerse de esta medida defensiva, de vez en cuando, puede ser saludable; pero, como una manera típica de interactuar, llega a ser destructiva para cualquier relación. Encerrarse, replegarse, es una señal de escape la pareja en vez de querer resolver los problemas.

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